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sábado, 27 de febrero de 2021

ESOS PERONISTAS DE KOREA DEL SUR


 


En nuestro país el estudio de la economía está dominado por el neoliberalismo, que presenta su teoría económica no como eso, como una teoría entre tantas, sino como “la” economía, y lo que es peor aún, como las “Ciencias” económicas. Los neoliberales, auténticos talibanes del pensamiento económico, separan a las economía de sus disciplinas hermanas, las “ciencias” sociales, y la ubican más cerca de las ciencias exactas.

Esta particular visión del mundo económico que tienen los neoliberales deja de lado no sólo la concreta existencia de una multiplicidad de teorías económicas, sino el estudio de la experiencias históricas concretas de aquellos países que ya alcanzaron el desarrollo, que de ninguna manera son homogéneas.

Es común escuchar a economistas neoliberales ponderar la experiencia de los llamados “Tigres asiáticos”, y ponerlos como modelo de lo que se debería hacer para alcanzar idéntico resultado. Habría que arrancar diciendo que dichos felinos no lograron el desarrollo haciendo lo que nuestros gurúes del dios Mercado pregonan.

Uno de los casos más mentados de éxito económico explosivo en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI es el de Korea del Sur.

Uno debería marcar, en primer lugar, que a países como Korea del Sur, Japón o Alemania, se les permitió mantener un alto perfil industrial y tecnológico porque defendían una frontera caliente del imperio norteamericano durante la Guerra Fría. Pero, más allá de esa circunstancia, deberíamos analizar qué tipos de políticas les permitieron alcanzar el desarrollo.

Nos dice Julián Varsavsky en una nota publicada por Página 12 (1)  hace unos años: “La retórica del ‘milagro coreano’ continúa con una catarata de datos: entre 1963 y 1995 el PIB se multiplicó por 12; entre los años 1982 a 1997 la producción industrial aumentó 450 por ciento. Y en 30 años pasaron de ser un país agrario, a una potencia industrial que es la segunda constructora naval del mundo, la tercera en electrónica, la quinta en automóviles y la sexta en siderurgia” (1). El autor señala luego que esos análisis excluyen el alto nivel de explotación laboral y la espantosa tasa de suicidios de la sociedad coreana, las condiciones políticas en las que se lograron esos resultados (una dictadura militar muy represiva), y lo que señalábamos antes, la posición estratégica dentro del conflicto global con el mundo comunista.

“El otro factor determinante en el tipo de relación económica con Estados Unidos fue el hecho de que Corea del Sur no es rica en reservas energéticas ni commodities que despertaran el interés extractivo de las trasnacionales: esto hizo que los norteamericanos les permitiesen cierto desarrollo económico independiente” (1), nos dice Varsavsky.

En lo que respecta a las políticas concretas que desarrollaron los coreanos DEL SUR durante estos años, se parecen mucho más a las que impulsó el primer peronismo que a los delirios  de libre mercado de los neoliberales:

“Las políticas de planificación surcoreana fueron lo opuesto, en varios aspectos, a la teoría neoliberal promovida hasta hoy por el Banco Mundial, con el cual Corea del Sur no se endeudó durante su despegue. Tampoco recurrieron a inversión extranjera. Se hizo una reforma agraria con expropiación sin indemnización de latifundios japoneses –los coreanos sí recibieron pago–, lo cual contrarrestó el reclamo de los comunistas sureños, que eran populares después de la guerra y fueron exterminados.

La tierra se repartió en pequeñas parcelas y el Estado exigía a los campesinos venderle parte de la producción a precio bajo –dejándolos en la pobreza–, otra intervención estatal apartada de la idea de una ‘mano invisible’ del mercado.


Para impulsar el desarrollo, se aplicó una política de industrialización por sustitución de importaciones, cerrando el ingreso al país de toda clase de productos extranjeros, salvo materias primas. El general Park nacionalizó el sistema financiero para engrosar el poderoso brazo estatal, cuya intervención en la economía fue a través de planes quinquenales: 1) Entre 1962 y 1966 se impulsó el desarrollo energético, textil y cementero. 2) Entre 1967 y 1971 se enfocaron en fibras sintéticas, petroquímica y equipos eléctricos. 3) Entre 1972 y 1976 se hizo eje en siderurgia, transporte, electrodomésticos y construcción naval.”(1)

Por supuesto que una vez alcanzado el desarrollo, los surcoreanos impulsan hoy medidas de libre mercado. Las medidas que impulsan los neoliberales sirven para países desarrollados. Nunca nadie se ha desarrollado llevando adelante esas políticas.

Ha Joon Chang es seguramente el más prestigioso economista contemporáneo de Corea del Sur. Es profesor de la Universidad de Cambridge y fue declarado en 2014 por la revista Time “una de las diez personas más influyentes del mundo”.

En su libro “Economía para el 99% de la población” (2) el economista surcoreano señala que los economistas neoliberales afirman que la economía puede explicarlo casi todo, cuando en realidad  “ha fracasado estrepitosamente en lo que la mayoría de los no economistas consideran su tarea principal, es decir, explicar la actividad económica” (3).

Y concluye que “la economía parece sufrir un serio caso de megalomanía: ¿Cómo podría una disciplina que ni siquiera puede explicar su propia área pretender explicarlo (casi) todo?” (4).

Chang nos marca la existencia de 9 teorías económicas distintas (5), y critica duramente a los que analizan desde una sola de ellas, ya que: “dan por sentado que existe una sola manera correcta de ‘hacer economía’; es decir, el enfoque neoclásico. Los peores exponentes ni siquiera se toman el trabajo de informar a sus lectores de que existen otras escuelas de economía además de la neoclásica”, pese a que “existen muchas maneras diferentes de hacer economía, cada una de ellas con sus énfasis, sus puntos ciegos, sus fortalezas y sus debilidades” (6) por lo que recomienda siempre tomar en simultáneo dos o tres de esas teorías económicas, teniendo en cuenta cuáles son sus fortalezas y qué problemas concretos se pretende resolver.

Ha-Joon analiza pormenorizadamente el desarrollo capitalista en distintos países y épocas, y enfatiza que el esquema creado en la posguerra a partir del sistema de Bretton Woods y la emergencia de organismo como el FMI y el Banco Mundial ralentizó el crecimiento de los países desarrollados y e interrumpió la “revolución industrial en el Tercer Mundo” (7).

Y concluye señalando que en la etapa de predominio de las ideas clásicas primero y neoclásicas después, “Chile fue el único país que prosperó bajo las políticas neoliberales de las décadas de 1980 y 1990, pero a expensas de un considerable costo humano bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1974-1990).

Todas las otras historias de éxito en este período fueron naciones que usaron ampliamente la intervención estatal y que sólo liberalizaron gradualmente su economía. Los mejores ejemplos fueron Japón, los ‘tigres’ (o ‘dragones’, según cuál sea su animal predilecto) del Sudeste Asiático (Corea del Sur, Taiwan y Singapur) y, cada vez más, China” (8).

En  definitiva, lo que queda claro es que aquellos que nos dicen que hay que hacer esto o aquello porque es lo que se hace “en todas partes del mundo” conocen poco del mundo, y, sobre todo, de su historia.

 

Adrián Corbella

15-02-21

 

 

NOTAS:

(1): Julián Varsavsky: “Corea del Sur no es un milagro”

https://www.pagina12.com.ar/104906-corea-del-sur-no-es-un-milagro

(2): HA-JOON CHANG: “Economía para el 99% de la población”, Editorial Debate,  Buenos Aires, 2015

(3): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.30

(4): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.31

(5): Clásica, neoclásica, marxista, desarrollista, austríaca, schumpeteriana, keynesiana, institucionalista y conductista (ver páginas 155 a 158 del libro de Ha-Joon Chang antes citado)

(6): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.38

(7): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.94

(8): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.95

 

 Publicado en ERASE UNA VEZ EN PERONIA y en MIRANDO HACIA ADENTRO

 

 

sábado, 30 de enero de 2021

DISTOPÍAS, por Adrián Corbella



Cada vez son más numerosas las superproducciones de Hollywood que nos muestran distopías, sociedades del futuro que son todo lo opuesto a la una sociedad ideal. Los ricos cada vez más ricos, y con una creciente capacidad de vivir su vida aislados de los problemas cotidianos de los simples mortales, los pobres cada vez más pobres, más marginados, y sumergidos en la violencia y la desesperanza.


Elyssium es una de esas películas, y lleva el razonamiento al absurdo, ya que en ese mundo tan poco ideal, la Tierra había quedado para los pobres, que vivían en un infierno sin salud, sin trabajo y sin paz. Los ricos, por su parte, vivían en Elyssium, en enorme satélite artificial que orbitaba la tierra y que se había construido como un mundo perfecto, en el cual los ricos tenían todas las atenciones y comodidades.


No se trata de delirios afiebrados de guionistas que abusan de los alucinógenos. En verdad estos esquemas significan nada más ni nada menos que llevar la lógica del mundo moderno a su consecuencia final.


Hace muchas décadas que la riqueza se concentra en el mundo de manera creciente. Pero, además de esta concentración, se produce un creciente aislamiento de esos ricos respecto a las masas que se van sumergiendo en la pobreza: barrios privados, seguridad privada, autos blindados, helicópteros… y dentro de nada comenzarán a aparecer los autos-aviones, que podrán despegar y aterrizar casi en cualquier lado. El mundo de Elyssium no es otra cosa que llevar esta lógica a su consecuencia final: los ricos se construyen su Edén, y dejan a los pobres el infierno.


En nuestra sociedad, los pobres ven no solo que su condición es cada vez peor, sino que su única fuente de ingresos, el trabajo, retrocede a una velocidad pasmosa, acosado por las tecnologías que reemplazan hombres por robots, o por programas informáticos. Los especialistas en informática y robótica detallan una enorme cantidad de trabajos que hoy todavía son realizados por humanos, pero que serán robotizados en los próximos lustros. No hablamos de cien años; hablamos de diez o veinte.


¿Cuál será el destino de esa masa creciente y compacta de pobres en un mundo donde el trabajo sea un concepto arcaico, en vías de extinción? ¿Podrán, como en la película Elyssium, rebelarse y conquistar el mundo de los ricos?. Aunque los ricos controlen el aparato de seguridad del Estado y repriman las expresiones populares, va a ser un mundo difícil, duro, violento a menos que los ricos hagan como en el mencionado film y abandonen la Tierra instalándose en un lugar seguro.


La principal alternativa al mundo de Elyssium sería un mundo donde el Estado recupere su rol económico y social, un Estado activo, benefactor, emprendedor, que trate de evitar que la marginalidad se extienda y lo domine todo, y oriente parte de la inversiones por afuera de la lógica financiera del capitalismo 2.0


Cuando se plantean las cosas de esta manera aparecen recetas que los talibanes neoliberales califican de “populistas”, pero que son necesarias en  estos tiempos, como lo demuestran las decisiones de muchos gobiernos -bastante ortodoxos- durante un año tan particular como fue el 2020. Muchos aceptan estas medidas a regañadientes porque es un año de pandemia y cuarentena, pero las rechazan para etapas “normales”. La gran pregunta es qué pasará, pasada la pandemia, si se instala una normalidad donde la brecha entre ricos y pobres se amplíe en forma creciente –como viene pasando desde hace varios años- y el trabajo sea una actividad escasa, extraña, que no esté al alcance de todos. Instalada esta nueva normalidad, ¿Podría el Estado desentenderse, a riesgo de terminar como los ricos de Elyssium, o debería encontrar nuevas formas “populistas” para evitar un gran estallido popular, seguramente sangriento?.


Subsidios, seguros de desempleo y AUH no son sino pequeñas migajas de un fenómeno que podría universalizarse, o profundizarse a través de reclamos como el de la Renta Básica Universal, medida que tiene sus partidarios en muchísimos países del mundo.


Quizás pueda pensarse en una alternativa más productiva. La quinta verdad del peronismo decía: “En la nueva Argentina de Perón, el trabajo es un derecho que crea la dignidad del Hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.”


En un mundo que parece empeñado en destruir las formas tradicionales de trabajo, ¿Podría pensarse en alternativas?, ¿Es viable que cada uno produzca lo que consume?, ¿Se puede pensar en pequeños productores, quizás agrupados en cooperativas?, ¿Productos Orgánicos?, ¿Producción autosustentable?, ¿Unidades autosuficientes?, ¿Puede coexistir una estructura así con un mundo transnacionalizado?.


¿Se puede combatir una distopía con una utopía?


Tenemos más preguntas que respuestas. Pero una cosa queda clara. Si la economía financierizada concentra la riqueza y fabrica pobres, y la tecnología informática y robótica van eliminando la necesidad del trabajo humano, parece claro que el futuro puede ser una distopía horrorosa, que probablemente termine en un proceso revolucionario como en Elyssium, o deberá encontrar otra lógica económica y social que permita a los hombres construir y alimentar a sus familias y vivir en paz.


 


Adrián Corbella


29 de enero de 2021


PUBLICADO "EN MIRANDO HACIA ADENTRO" Y "ERASE UNA VEZ EN PERONIA"

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