domingo, 28 de febrero de 2021

CRISTIANISMO, PERONISMO Y TRANSFORMACIÓN SOCIAL, por Adrián Corbella

 





En las elecciones de 1946 la fórmula Perón-Quijano se impuso en las elecciones presidenciales derrotando a la Unión  Democrática, alianza de todos los partidos argentinos tradicionales: radicales, socialistas, demoprogresistas, comunistas, conservadores. La alianza peronista era una coalición policlasista que tenía su núcleo más numeroso en los obreros, pero que incluía a pequeños y medianos empresarios, a muchos militares, y a la Iglesia.

En los primeros años del peronismo las relaciones entre el gobierno y la Iglesia fueron muy buenas. Perón introdujo como compensación de ese apoyo la educación religiosa en las escuelas del Estado, algo muy opuesto a la tradición laica de las escuelas argentinas.

Pero, con el correr de los años, las relaciones entre el gobierno de Perón y los católicos se fue deteriorando, y en la década del cincuenta hubo un claro posicionamiento opositor de la Iglesia. Las concentraciones eclesiásticas se fueron transformando en marchas opositoras, y el gobierno comenzó a tomar medidas poco gratas a la Iglesia, como la ley de divorcio, todo un escándalo en esos años.

Más allá de estas idas y venidas políticas, el peronismo presentaba muchas coincidencias con los sectores socialmente conscientes de la Iglesia: basta con comparar las 20 verdades peronistas con la Doctrina Social de la Iglesia para advertir esto.

“El justicialismo es una nueva filosofía de la vida, simple, práctica, popular, profundamente cristiana y profundamente humanista” nos dice la verdad 14. Aquí el concepto de cristianismo está explícitamente mencionado, pero no es la única verdad que coincide muy fuertemente con los principios de la doctrina social de la Iglesia.

El principio de la dignidad del hombre, presente en los documentos de la Iglesia, es un eje troncal del peronismo que busca da a cada persona su derecho en función social.

 

“Los dos brazos del peronismo son la justicia social y la ayuda social. Con ellos, damos al pueblo un abrazo de justicia y amor” dice en la verdad décima el peronismo, en la misma línea de varios de los principios de la Doctrina Social de la Iglesia.

También la verdad 12 “En la nueva Argentina, los únicos privilegiados son los niños” está en línea con los principios enunciados más arriba, y la quince

Como doctrina política, el justicialismo realiza el equilibrio del derecho del individuo con el de la comunidad”, están perfectamente en línea con las ideas católicas del principio del bien común,  la idea de la lucha por la justicia, y con el principio de la subsidiariedad

“Como doctrina económica, el justicialismo realiza la economía social, poniendo el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social, nos dice la verdad 16, lo que se vincula claramente con principios como el principio de la participación social, el principio de la solidaridad, y la opción preferencial por los pobres, así como con la primacía del trabajo sobre los beneficios del capital. “No existe para el peronismo más que una sola clase de personas: los que trabajan”, remata la cuarta verdad, muy en esta línea.

Pero, más allá de estas coincidencias teóricas, el lazo de peronismo y cristianismo se fortaleció nuevamente tras la caída de Perón, en la medida en que la aparición de la Teología de la Liberación acercó a ambas corrientes ideológicas.

El padre Carlos Mugica señalaba, por ejemplo, que el peronismo es el movimiento al que deben acceder los cristianos que sueñan con mirar las cosas del lado de los pobres.  Muchos sacerdotes de aquella época compartían esta perspectiva, y se comprometían a desarrollar su tarea en barrios marginales que los necesitaban. No es necesario recordar a cuantos sacerdotes comprometidos con causas sociales, dicho compromiso les costó la vida.

Fue seguramente en esta etapa de los años 70 cuando peronismo y cristianismo estuvieron más cerca, ya que si bien los valores que sostienen son muy semejantes, el peronismo generalmente apuesta a políticas transformadoras que generan reacciones, mientras que la Iglesia apunta al apoyo y sostén de los necesitados, pero sin pretender forzar cambios sociales. En estos años sin embargo, la coincidencia fue muy fuerte, ante la proliferación de curas comprometidos con los problemas sociales ya que, como decía Mugica “la auténtica revolución significa formar hombres que vivan en función de servicio hacia los otros”.

En esos tiempos, muchos miembros de la iglesia dieron su vida, como Mugica, en defensa de esos principios.

 

Adrián Corbella

15 de febrero de 2021

 

 

 

 

sábado, 27 de febrero de 2021

ESOS PERONISTAS DE KOREA DEL SUR


 


En nuestro país el estudio de la economía está dominado por el neoliberalismo, que presenta su teoría económica no como eso, como una teoría entre tantas, sino como “la” economía, y lo que es peor aún, como las “Ciencias” económicas. Los neoliberales, auténticos talibanes del pensamiento económico, separan a las economía de sus disciplinas hermanas, las “ciencias” sociales, y la ubican más cerca de las ciencias exactas.

Esta particular visión del mundo económico que tienen los neoliberales deja de lado no sólo la concreta existencia de una multiplicidad de teorías económicas, sino el estudio de la experiencias históricas concretas de aquellos países que ya alcanzaron el desarrollo, que de ninguna manera son homogéneas.

Es común escuchar a economistas neoliberales ponderar la experiencia de los llamados “Tigres asiáticos”, y ponerlos como modelo de lo que se debería hacer para alcanzar idéntico resultado. Habría que arrancar diciendo que dichos felinos no lograron el desarrollo haciendo lo que nuestros gurúes del dios Mercado pregonan.

Uno de los casos más mentados de éxito económico explosivo en la segunda mitad del siglo XX y lo que va del XXI es el de Korea del Sur.

Uno debería marcar, en primer lugar, que a países como Korea del Sur, Japón o Alemania, se les permitió mantener un alto perfil industrial y tecnológico porque defendían una frontera caliente del imperio norteamericano durante la Guerra Fría. Pero, más allá de esa circunstancia, deberíamos analizar qué tipos de políticas les permitieron alcanzar el desarrollo.

Nos dice Julián Varsavsky en una nota publicada por Página 12 (1)  hace unos años: “La retórica del ‘milagro coreano’ continúa con una catarata de datos: entre 1963 y 1995 el PIB se multiplicó por 12; entre los años 1982 a 1997 la producción industrial aumentó 450 por ciento. Y en 30 años pasaron de ser un país agrario, a una potencia industrial que es la segunda constructora naval del mundo, la tercera en electrónica, la quinta en automóviles y la sexta en siderurgia” (1). El autor señala luego que esos análisis excluyen el alto nivel de explotación laboral y la espantosa tasa de suicidios de la sociedad coreana, las condiciones políticas en las que se lograron esos resultados (una dictadura militar muy represiva), y lo que señalábamos antes, la posición estratégica dentro del conflicto global con el mundo comunista.

“El otro factor determinante en el tipo de relación económica con Estados Unidos fue el hecho de que Corea del Sur no es rica en reservas energéticas ni commodities que despertaran el interés extractivo de las trasnacionales: esto hizo que los norteamericanos les permitiesen cierto desarrollo económico independiente” (1), nos dice Varsavsky.

En lo que respecta a las políticas concretas que desarrollaron los coreanos DEL SUR durante estos años, se parecen mucho más a las que impulsó el primer peronismo que a los delirios  de libre mercado de los neoliberales:

“Las políticas de planificación surcoreana fueron lo opuesto, en varios aspectos, a la teoría neoliberal promovida hasta hoy por el Banco Mundial, con el cual Corea del Sur no se endeudó durante su despegue. Tampoco recurrieron a inversión extranjera. Se hizo una reforma agraria con expropiación sin indemnización de latifundios japoneses –los coreanos sí recibieron pago–, lo cual contrarrestó el reclamo de los comunistas sureños, que eran populares después de la guerra y fueron exterminados.

La tierra se repartió en pequeñas parcelas y el Estado exigía a los campesinos venderle parte de la producción a precio bajo –dejándolos en la pobreza–, otra intervención estatal apartada de la idea de una ‘mano invisible’ del mercado.


Para impulsar el desarrollo, se aplicó una política de industrialización por sustitución de importaciones, cerrando el ingreso al país de toda clase de productos extranjeros, salvo materias primas. El general Park nacionalizó el sistema financiero para engrosar el poderoso brazo estatal, cuya intervención en la economía fue a través de planes quinquenales: 1) Entre 1962 y 1966 se impulsó el desarrollo energético, textil y cementero. 2) Entre 1967 y 1971 se enfocaron en fibras sintéticas, petroquímica y equipos eléctricos. 3) Entre 1972 y 1976 se hizo eje en siderurgia, transporte, electrodomésticos y construcción naval.”(1)

Por supuesto que una vez alcanzado el desarrollo, los surcoreanos impulsan hoy medidas de libre mercado. Las medidas que impulsan los neoliberales sirven para países desarrollados. Nunca nadie se ha desarrollado llevando adelante esas políticas.

Ha Joon Chang es seguramente el más prestigioso economista contemporáneo de Corea del Sur. Es profesor de la Universidad de Cambridge y fue declarado en 2014 por la revista Time “una de las diez personas más influyentes del mundo”.

En su libro “Economía para el 99% de la población” (2) el economista surcoreano señala que los economistas neoliberales afirman que la economía puede explicarlo casi todo, cuando en realidad  “ha fracasado estrepitosamente en lo que la mayoría de los no economistas consideran su tarea principal, es decir, explicar la actividad económica” (3).

Y concluye que “la economía parece sufrir un serio caso de megalomanía: ¿Cómo podría una disciplina que ni siquiera puede explicar su propia área pretender explicarlo (casi) todo?” (4).

Chang nos marca la existencia de 9 teorías económicas distintas (5), y critica duramente a los que analizan desde una sola de ellas, ya que: “dan por sentado que existe una sola manera correcta de ‘hacer economía’; es decir, el enfoque neoclásico. Los peores exponentes ni siquiera se toman el trabajo de informar a sus lectores de que existen otras escuelas de economía además de la neoclásica”, pese a que “existen muchas maneras diferentes de hacer economía, cada una de ellas con sus énfasis, sus puntos ciegos, sus fortalezas y sus debilidades” (6) por lo que recomienda siempre tomar en simultáneo dos o tres de esas teorías económicas, teniendo en cuenta cuáles son sus fortalezas y qué problemas concretos se pretende resolver.

Ha-Joon analiza pormenorizadamente el desarrollo capitalista en distintos países y épocas, y enfatiza que el esquema creado en la posguerra a partir del sistema de Bretton Woods y la emergencia de organismo como el FMI y el Banco Mundial ralentizó el crecimiento de los países desarrollados y e interrumpió la “revolución industrial en el Tercer Mundo” (7).

Y concluye señalando que en la etapa de predominio de las ideas clásicas primero y neoclásicas después, “Chile fue el único país que prosperó bajo las políticas neoliberales de las décadas de 1980 y 1990, pero a expensas de un considerable costo humano bajo la dictadura de Augusto Pinochet (1974-1990).

Todas las otras historias de éxito en este período fueron naciones que usaron ampliamente la intervención estatal y que sólo liberalizaron gradualmente su economía. Los mejores ejemplos fueron Japón, los ‘tigres’ (o ‘dragones’, según cuál sea su animal predilecto) del Sudeste Asiático (Corea del Sur, Taiwan y Singapur) y, cada vez más, China” (8).

En  definitiva, lo que queda claro es que aquellos que nos dicen que hay que hacer esto o aquello porque es lo que se hace “en todas partes del mundo” conocen poco del mundo, y, sobre todo, de su historia.

 

Adrián Corbella

15-02-21

 

 

NOTAS:

(1): Julián Varsavsky: “Corea del Sur no es un milagro”

https://www.pagina12.com.ar/104906-corea-del-sur-no-es-un-milagro

(2): HA-JOON CHANG: “Economía para el 99% de la población”, Editorial Debate,  Buenos Aires, 2015

(3): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.30

(4): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.31

(5): Clásica, neoclásica, marxista, desarrollista, austríaca, schumpeteriana, keynesiana, institucionalista y conductista (ver páginas 155 a 158 del libro de Ha-Joon Chang antes citado)

(6): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.38

(7): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.94

(8): Ha-Joon Chang, op.cit., pag.95

 

 Publicado en ERASE UNA VEZ EN PERONIA y en MIRANDO HACIA ADENTRO

 

 

miércoles, 24 de febrero de 2021

PRIMERO LA PATRIA, por Adrián Corbella (24 de febrero de 2021)

 



Primero la Patria, después el movimiento, y por último los hombres. Por supuesto. Estamos hablando de una fuerza política que se plantea objetivos colectivos, sociales, antes que objetivos individuales de los hombres, o sectoriales del movimiento.  El mensaje es claro, pero obviamente la implementación no lo es tanto, ya que son los hombres los que integran el movimiento, y los que deciden cuál es la mejor manera de servir a la Patria.

En el mundo de las relaciones sociales, las contradicciones están  a la orden del día. La fuerza política que deja en tercer lugar la decisión de los hombres, ha tenido siempre liderazgos fuertes, figuras que, en su momento, condujeron con decisión al movimiento: desde Perón a Néstor, desde Eva a Cristina, y, con otra orientación dentro de las diversidades de las tribus de la especie peronista, el propio Carlos Saúl Menem.

¿Se sirve a la Patria encuadrándose bajo la conducción del líder del movimiento, aunque sufra metamorfosis tan profundas como las ocurridas en los ’90, o se debe procurar tomar decisiones más personales? “Ningún peronista debe sentirse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser”, nos dice la séptima verdad del Peronismo. A veces resulta difícil definir quien comete ese pecado: si el militante que se verticaliza ante líderes que no parecen servir a la Patria, o el que se rebela y patea el tablero.

El peronismo es eso. Grandes verticalismos, y grandes rebeliones. Una especie con multitud de tribus, semejantes pero diferentes, que a veces coinciden con vigor y logran resultados electorales pasmosos, y otras se retuercen y se enfrentan, pues cada uno entiende al peronismo a su manera

Quizás no sea casualidad que la mayoría de los grandes intelectuales que aportaron al peronismo hayan estado más en sus bordes que en el centro, hayan sido casi outsiders pese a constituir el eje del pensamiento del movimiento.

Podríamos empezar por el gran John William Cooke, el único quizás que se animaba a debatirle a Perón mano a mano, cara a cara, y que terminó siendo un nexo entre peronismo y socialismo.

Manuel Ugarte, el gran pensador latinoamericano de origen socialista, tres veces echado del P.S. por “nacionalismo burgués”, quien apoyó al peronismo pero teniendo a veces posturas críticas.

Don Arturo Jauretche, pensador de origen radical yrigoyenista transformado quizá en un ícono del peronismo, y quien también se movió en los bordes y con algunas diferencias de criterio.

Y ya en nuestra época, el gran Norberto Galasso, quien sostiene que en un esquema maniqueo de peronismo-antiperonismo él es obviamente peronista, pero que en realidad su corazón está con la Izquierda Nacional, corriente ideológica que se ha movido siempre junto al peronismo.

Estas contradicciones han llevado al peronismo a enfrentamientos internos, a veces violentos, y a grandes divisiones, muchas veces muy profundas.

Nicolás Casullo escribía en 2002 en referencia a estos enfrentamientos y contradicciones entre distintas interpretaciones del peronismo:

“De ahí que en las nuevas generaciones de jóvenes de los últimos 20 años, las crecidas entre Luder y Menem, aquel “peronismo de izquierda” no dejó datos ni rastros: las nuevas generaciones medias no alcanzan a descifrar ese rótulo como algo digno de ser pensado.”(1) 

Larga es la lista de enemigos internos y externos de esa izquierda nacional en el movimiento desde 1953 hasta hoy: los ‘cobardes, entreguistas, traidores, claudicantes, negociadores, burócratas, mariscales de la derrota, antipueblo’ y finalmente esa extraña y exitosa ecuación de modernización y renovación justicialista que desembocó en el menemismo-liberal que enamoró a todos los poderes reales en la Argentina. Lista de defecciones tan eterna y concreta que casi terminó siendo, desde 1955, la historia real del peronismo. La de sus defecciones.”(1), para cerrar la nota, con una frase casi profética referida a esa curiosa etapa de 2002-03 en que el peronismo buscaba su identidad, y su candidato para reemplazar al Presidente Duhalde:

“En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que ésta no fue toda la historia. Que hay una última narración escondida en los mares del sur.” (1)

Es que cada vez que el peronismo parece que termina, parece que ha sido fagocitado por sus contradicciones, se retuerce y renace. Saca de la galera un perfil renovado, un liderazgo impensado, y  amanece una vez más.

Otro intelectual vinculado al peronismo, Héctor Valle, comentando la misma etapa de que hablaba Casullo, señaló:

“¿Alguien, en 2002, esperaba que nos salváramos del descenso y que, a poco de andar recuperáramos la ilusión del campeonato?” (2)

La ilusión del campeonato, la última narración escondida en los mares del Sur, la reconstrucción de la Patria. Con sus más y sus menos, el peronismo siempre procura transitar esos caminos, generalmente pedregosos. Esto tiene su lógica porque, como escribió hace varios años Carlos Barragán, el peronismo surgió cuando el proyecto liberal neocolonial del siglo XIX se había ido a la banquina.

“En este punto me gusta pensar que el peronismo no es la causa del país que somos, es el efecto del país que somos. No es un mal paso que nos hizo caer a la banquina, es el resultado de estar en la banquina. Y cada vez más, me parece que para haber surgido de la banquina de nuestra historia, el peronismo es un milagro, este peronismo que al llegar el tercer milenio es lo único que puede ponernos sobre la ruta." (3)

Son esas contradicciones, ese moverse entre verticalismo y rebeldía, entre estabilidad y transformaciones revolucionarias, esa capacidad para siempre sacar un último haz de la manga que permita ganar la partida, lo que transforma a un peronismo muchas veces turbulento, incompresible, desdoblado, inabordable, con profundos claroscuros, con algunas figuras grandiosas, y con otras patéticas, en el Océano tumultuso en el que navega la Patria, en la gran masa de agua que le impide encallar en los bajos fondos de un liberalismo que no tiene proyecto de país, sino un plan de negocios. Es lo que nos permite gambetear a ese conjunto de talibanes del Dios Mercado que vuelcan permanentemente la calesita.

“Tenemos Patria”, dijo el único prócer que camina entre nosotros. Por supuesto. Como dijo el General: “Primero la Patria”.

Por Adrián Corbella

24 de febrero de 2021

NOTAS:

(1): https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-156842-2010-11-14.html

(2): https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-156896-2010-11-15.html

(3): CARLOS BARRAGAN: “Soy la mierda oficialista”, ed. Norma, Bs. As., 2011

PADRE RICO, PADRE POBRE, por Equipo de Redacción de Erase Peronia (Adrián Corbella, Sol Di Domenico)





“ENTRÉ AL VATICANO Y VI EL TECHO DE ORO. Y ME DIJE CÓMO PUEDE SER TAN HIJO DE PUTA DE VIVIR CON UN TECHO DE ORO Y DESPUÉS IR A LOS PAÍSES POBRES Y BESAR A LOS CHICOS CON LA PANZA ASÍ. DEJÉ DE CREER, PORQUE LO ESTABA VIENDO YO”

DIEGO ARMANDO MARADONA



Seamos creyentes o no de alguna religión, particularmente la católica, nos cuesta mucho no pensar como Diego cuando dijo eso. Cuando nos sensibilizamos socialmente, empezamos a encontrar muchas cosas de la Iglesia Católica actual que no nos cierran.


Esto no solo se circunscribe a esta Iglesia en particular pero por ser la más universalizada en nuestro país, es la que nos hace más ruido. Y peor aún, cuando leemos que el peronismo es profundamente humanista y cristiano. Para desarmar este ovillo, invitamos a Peronia al Padre Francisco Olveira que nos dio una respuesta muy interesante para entender que la Iglesia Católica no es una sola, y que el cristianismo no es lo mismo que el catolicismo.


Sol Di Domenico: –Me resultó muy interesante algo que vos dijiste: “Si le dan pan a un pobre los consideran santos, si preguntan porque no tienen los consideran comunistas”


Padre Paco de Oliveira: -Esa frase es de un gran obispo brasileño Helder Cámara, que junto a 18 obispos hicieron el Manifiesto de los Obispos del Tercer Mundo, donde decían que la Iglesia se ha identificado con el capitalismo, pero que sin embargo hay otro sistema que es mucho más parecido al Evangelio que es el socialismo. Yo digo que en la Argentina el socialismo es el peronismo, es la justicia social, es la fraternidad, y claramente esa frase resume lo que los curas en opción por los pobres queremos hacer. No queremos dedicarnos a repartir alimentos, queremos organizarnos y modificar la realidad.


SDD: -¿Puedo hacer una pregunta incómoda?. Yo leo al Padre Mugica y me encuentro con la otra cara de la dictadura cívico-militar-religiosa que sufrió la Argentina. ¿Cómo hacemos con eso, a mi me cuesta mucho porque es la versión dominante que nos venden de la Iglesia?


PPO: -Se supone que creemos lo mismo, pero la realidad es que Von Wernich y yo no creemos lo mismo, no creemos en el mismo Dios, no tenemos la misma imagen de Dios. El tiene una imagen de Dios completamente distinta por más que él se diga católico y yo me diga católico también. Ahora tenemos que reconocer que la dictadura fue cívico-eclesiástico-militar, que la Iglesia como institución le dio el ropaje, le dio la bendición, le dio la ideología de que se estaba combatiendo al comunismo para que no se destruya la sociedad occidental y cristiana. Claramente muchos de esos 30.000 detenidos desaparecidos llegaron a esa lucha revolucionaria desde su fe cristiana, porque el Evangelio tiene un fermento revolucionario clarísimo.


Las respuesta de nuestro queridisimo Padre Paco se encuentran en una tradición insertada desde el catolicismo que comenzó con Los Sacerdotes del Tercer Mundo, una corriente de sacerdotes que trabajaban en las villas miserias y que realizaron sus actividades desde 1967 hasta su disolución en 1976 por el comienzo de la última dictadura cívico – militar – eclesiástica en la República Argentina. En este contexto histórico encontramos a nuestro querido Padre Carlos Mugica que compiló sus ideas en el libro “Peronismo y Cristianismo” donde desarrolla sus ideas políticas, en medio de un debate que continúa hasta hoy respecto si los sacerdotes deben o no, dedicarse al quehacer político. Para no aburrirlos con una reseña que el Padre Paco recorre maravillosamente en su entrevista, les daré tres ideas fundamentales que nos llevan a la actualidad:


Cristo era revolucionario igual que Dios y las ideas marxistas comunistas, como por ejemplo la comunidad de bienes y la teoría del hombre nuevo, recogen las ideas originales de los evangelios. Su postura no era un cambio radical en la Iglesia, sino que pedían que vuelva a la auténtica tradición que es poner al hombre al servicio de los otros hombres. Los poderes más malignos de la actualidad son el imperialismo internacional del dinero y las oligarquías nativas.


Como nos dice Paco, recordemos que el Padre Mugica, no murió en un accidente de tránsito; fue asesinado por sus ideas políticas. De los gérmenes de MSTM nacen Los Curas en la Opción Preferencial Por Los Pobres que en la actualidad cuestionan el poder político eclesiastico que no se pone al servicio del concepto primordial de la Doctrina Social de la Iglesia de la Dignidad Humana. El sistema liberal opresivo establece la dominación de unos hombres sobre los otros por lo cual, es necesario romper con las cadenas neoliberales de poder. A nuestra entrevista con el Padre Paco solo podemos agregar dos conceptos fundamentales: Antes que hablarle de Dios al hombre hay que darle un techo, y darle un techo ya es hablarle de Dios. El sacerdote no solamente puede sino que debe actuar políticamente




por Equipo de Redacción “Erase Peronia”


(Adrián Corbella/Sol Di Domenico)







VER VIDEO DE LA ENTREVISTA


PUBLICADO EN ERASE UNA VEZ EN PERONIA Y EN MIRANDO HACIA ADENTRO, 24 Y 25 de febrero de 2021

sábado, 30 de enero de 2021

DISTOPÍAS, por Adrián Corbella



Cada vez son más numerosas las superproducciones de Hollywood que nos muestran distopías, sociedades del futuro que son todo lo opuesto a la una sociedad ideal. Los ricos cada vez más ricos, y con una creciente capacidad de vivir su vida aislados de los problemas cotidianos de los simples mortales, los pobres cada vez más pobres, más marginados, y sumergidos en la violencia y la desesperanza.


Elyssium es una de esas películas, y lleva el razonamiento al absurdo, ya que en ese mundo tan poco ideal, la Tierra había quedado para los pobres, que vivían en un infierno sin salud, sin trabajo y sin paz. Los ricos, por su parte, vivían en Elyssium, en enorme satélite artificial que orbitaba la tierra y que se había construido como un mundo perfecto, en el cual los ricos tenían todas las atenciones y comodidades.


No se trata de delirios afiebrados de guionistas que abusan de los alucinógenos. En verdad estos esquemas significan nada más ni nada menos que llevar la lógica del mundo moderno a su consecuencia final.


Hace muchas décadas que la riqueza se concentra en el mundo de manera creciente. Pero, además de esta concentración, se produce un creciente aislamiento de esos ricos respecto a las masas que se van sumergiendo en la pobreza: barrios privados, seguridad privada, autos blindados, helicópteros… y dentro de nada comenzarán a aparecer los autos-aviones, que podrán despegar y aterrizar casi en cualquier lado. El mundo de Elyssium no es otra cosa que llevar esta lógica a su consecuencia final: los ricos se construyen su Edén, y dejan a los pobres el infierno.


En nuestra sociedad, los pobres ven no solo que su condición es cada vez peor, sino que su única fuente de ingresos, el trabajo, retrocede a una velocidad pasmosa, acosado por las tecnologías que reemplazan hombres por robots, o por programas informáticos. Los especialistas en informática y robótica detallan una enorme cantidad de trabajos que hoy todavía son realizados por humanos, pero que serán robotizados en los próximos lustros. No hablamos de cien años; hablamos de diez o veinte.


¿Cuál será el destino de esa masa creciente y compacta de pobres en un mundo donde el trabajo sea un concepto arcaico, en vías de extinción? ¿Podrán, como en la película Elyssium, rebelarse y conquistar el mundo de los ricos?. Aunque los ricos controlen el aparato de seguridad del Estado y repriman las expresiones populares, va a ser un mundo difícil, duro, violento a menos que los ricos hagan como en el mencionado film y abandonen la Tierra instalándose en un lugar seguro.


La principal alternativa al mundo de Elyssium sería un mundo donde el Estado recupere su rol económico y social, un Estado activo, benefactor, emprendedor, que trate de evitar que la marginalidad se extienda y lo domine todo, y oriente parte de la inversiones por afuera de la lógica financiera del capitalismo 2.0


Cuando se plantean las cosas de esta manera aparecen recetas que los talibanes neoliberales califican de “populistas”, pero que son necesarias en  estos tiempos, como lo demuestran las decisiones de muchos gobiernos -bastante ortodoxos- durante un año tan particular como fue el 2020. Muchos aceptan estas medidas a regañadientes porque es un año de pandemia y cuarentena, pero las rechazan para etapas “normales”. La gran pregunta es qué pasará, pasada la pandemia, si se instala una normalidad donde la brecha entre ricos y pobres se amplíe en forma creciente –como viene pasando desde hace varios años- y el trabajo sea una actividad escasa, extraña, que no esté al alcance de todos. Instalada esta nueva normalidad, ¿Podría el Estado desentenderse, a riesgo de terminar como los ricos de Elyssium, o debería encontrar nuevas formas “populistas” para evitar un gran estallido popular, seguramente sangriento?.


Subsidios, seguros de desempleo y AUH no son sino pequeñas migajas de un fenómeno que podría universalizarse, o profundizarse a través de reclamos como el de la Renta Básica Universal, medida que tiene sus partidarios en muchísimos países del mundo.


Quizás pueda pensarse en una alternativa más productiva. La quinta verdad del peronismo decía: “En la nueva Argentina de Perón, el trabajo es un derecho que crea la dignidad del Hombre y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume.”


En un mundo que parece empeñado en destruir las formas tradicionales de trabajo, ¿Podría pensarse en alternativas?, ¿Es viable que cada uno produzca lo que consume?, ¿Se puede pensar en pequeños productores, quizás agrupados en cooperativas?, ¿Productos Orgánicos?, ¿Producción autosustentable?, ¿Unidades autosuficientes?, ¿Puede coexistir una estructura así con un mundo transnacionalizado?.


¿Se puede combatir una distopía con una utopía?


Tenemos más preguntas que respuestas. Pero una cosa queda clara. Si la economía financierizada concentra la riqueza y fabrica pobres, y la tecnología informática y robótica van eliminando la necesidad del trabajo humano, parece claro que el futuro puede ser una distopía horrorosa, que probablemente termine en un proceso revolucionario como en Elyssium, o deberá encontrar otra lógica económica y social que permita a los hombres construir y alimentar a sus familias y vivir en paz.


 


Adrián Corbella


29 de enero de 2021


PUBLICADO "EN MIRANDO HACIA ADENTRO" Y "ERASE UNA VEZ EN PERONIA"

martes, 26 de enero de 2021

TODOS LOS POLITICOS [NO] SON IGUALES, por Adrián Corbella (26-01-21)



“La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional”


Novena de las 20 Verdades del Peronismo



 


Política viene de polis. Las polis eran las ciudades-estado griegas, el núcleo en torno al que se organizaba la vida de este pueblo de la Antigüedad que fue el creador de la democracia. Hacer política significaba por lo tanto ocuparse de los asuntos de la polis, de la comunidad. Era para los griegos una actividad muy elevada, una actividad que significaba un compromiso del que la hacía con todos los demás integrantes de esa polis. La política no era para los griegos una actividad a la que se dedicara una minoría de especialistas: todos los ciudadanos varones tenían el derecho a opinar y votar, y no se votaban candidatos, sino que se votaban las leyes, se tomaban las decisiones de gobierno. Es lo que se llama una democracia directa.


No debemos idealizar esta democracia griega. Las mujeres no podían participar. Los esclavos (que muchas veces eran más numerosos que los hombres libres) tampoco. Y casi todas las polis griegas negaban el derecho a voto a los extranjeros, y a los descendientes de extranjeros.







Pero, esta primera experiencia de democracia en la vieja Europa, nos ayuda a entender qué es la política: ocuparse de los problemas que nos conciernen a todos, ocuparse de intentar facilitarle al “pueblo” (un neoliberal diría “la gente”) su vida cotidiana. Por eso la palabra política es muy amplia, y abarca casi todo. Cuando analizamos un problema de nuestra comunidad (salud, trabajo, inseguridad, o el que sea) y proponemos acciones, o hablamos bien –o mal- de las soluciones que proponen las autoridades, estamos tratando temas políticos, estamos “haciendo política”. La inmensa mayoría de la gente que dice que no le interesa la política, y que no se mete en política, hace todo el tiempo juicios de tipo político, habla y opina sobre temas políticos. Ser “apolítico” es una actitud claramente política, y cuando uno comienza a charlar con esos apolíticos, generalmente descubre que son “apolíticos”… pero son de derecha.


Las polis griegas eran pequeñas comunidades de pocos miles de habitantes, del tamaño de un barrio de nuestras megaciudades modernas. Por eso era posible la existencia de una democracia directa. En cambio, en nuestras sociedades, los sistemas democráticos son de tipo indirecto: los ciudadanos eligen candidatos, que ocupan los cargos públicos por cierta cantidad de años, y son esos candidatos quienes toman las decisiones concretas de gobierno en nombre de sus votantes. Pasado el período de gobierno de ese candidato (por ejemplo los cuatro años de un Presidente), los ciudadanos deben decidir si le renuevan la confianza, o si eligen a otro. Entonces va surgiendo en nuestras sociedades un grupo de políticos “profesionales”, de gente cuyo trabajo habitual es ser político, y que ocupan diversos cargos a lo largo de décadas. Hay ejemplos de esto en personalidades de todas las orientaciones ideológicas, de todas las fuerzas políticas.


Esta continuidad de las mismas personas en diversos cargos algunos la ven como algo negativo, cuando en realidad no lo es. Si todos los candidatos políticos se renovaran continuamente, si no hubiera reelecciones en cargos ejecutivos o legislativos, tendríamos siempre una dirigencia política amateur, moviéndose entre dirigentes empresariales y funcionarios judiciales altamente experimentados, que ocupan cargos durante décadas.


No encuentro ninguna ventaja en tener un conjunto de novatos tratando de dirigir nuestras sociedades. Es mucho mejor tener gente con experiencia. El problema no es, por lo tanto, cuánto tiempo ocupa una persona un cargo -pensemos en Ángela Merkel, la eterna dirigente alemana-, sino si lo hace bien o mal , y si lo hace pensando en sí mismo o en la comunidad a la que representa.


“La política no es para nosotros un fin, sino solo el medio para el bien de la Patria, que es la felicidad de sus hijos y la grandeza nacional” nos dice la novena verdad peronista. Este principio del peronismo, que nos remite al concepto de política que tenían los griegos, es el eje del análisis del accionar político de cualquier funcionario, o debería serlo. ¿Trabaja para sí mismo, o para nosotros, que lo votamos?


Y aquí, como en casi todas las cuestiones humanas, los juicios globales y  absolutos no son válidos. Todos los políticos no son iguales. Como no son iguales todos los médicos, los docentes, los abogados, los comerciantes, los arquitectos, o los policías. O cualquier otro grupo. Lo vemos en la gran política, y los que hemos militado lo vimos en el pequeño universo político de una unidad básica.


Hay políticos que mantienen sus convicciones contra viento y marea, que están siempre en el mismo lugar, y cuando las cosas no vienen bien para su fuerza política resisten al tsunami con valentía y entereza. Y hay otros que son como hojitas arrastradas por el viento, que van volando de partido en partido, que siempre buscan la luz y el calor del sol, y que no entienden el concepto de fidelidad: no tienen fidelidad ni a una fuerza o dirigente político, ni a sus votantes, ni a sus ideas.


A nivel micro, quienes alguna vez hemos militado, hemos visto de los dos. Los segundos son olvidables, pero los primeros se mantienen vívidos en la memoria; gente que le dedica un par de horas a sus convicciones políticas al regreso de su trabajo; “vaquitas” para pagar el alquiler o el teléfono del local partidario; o militantes concurriendo un domingo a pintar, arreglar o a baldear un local recién alquilado, codo a codo con referentes importantes de ese espacio.


Mucha gente no logra discernir estas sutilezas. Para ellos son todos iguales, aunque no sea así. Es difícil explicarle a esa gente, pero hay una hermosa frase del gran Alejandro Dolina que puede servir para eso:


“Para quienes dicen todos los políticos son lo mismo, les contesto que para un analfabeto todos los libros son iguales”.


 


Adrián Corbella


25 de enero de 2021

Publicado en MIRANDO HACIA ADENTRO y ERASE UNA VEZ EN PERONIA

 

sábado, 23 de enero de 2021

PERONISMO, LUCHA DE CLASES Y TRABAJO, por Adrián Corbella (23-01-21)



La lucha de clases, ese concepto que Karl Marx veía como el eje explicativo de toda la historia de los seres humanos, no era un concepto que le agradara a Juan Domingo Perón, que siempre se movió cómodo en el marco de frentes policlasistas, de esquemas donde prevaleciera la concertación entre distintos sectores sociales. Esto no significa que el peronismo estuviera exento de conflictividad, sino todo lo contrario. El peronismo venía a instalar un nuevo statu quo basado en un nuevo sentido común, y estas transformaciones generan siempre resistencias y luchas, pero el General no ponía estos conflictos en el marco marxista del enfrentamiento burguesía-proletariado (1).


Ese esquema tan clásico del marxismo fue pensado para las sociedades europeas, en las cuales no había nada por encima de esos burgueses que oprimían a los trabajadores. En sociedades coloniales o semicoloniales, donde la independencia plena aún no se ha logrado, ese conflicto queda subsumido en otro conflicto superior, que enfrenta al poder imperial con el pueblo oprimido. Cuando el eje del enfrentamiento es este último, cuando el objetivo es sacudirse un control imperial externo, surgen frentes de liberación generalmente policlasistas, ya que algunos de esos “burgueses” que en el marco de la lucha de clases son enemigos de los “proletarios”, en el marco de las luchas de liberación son sus aliados, y luchan codo a codo con ellos. El concepto de “burguesía nacional” resuena, y más allá de todas las discusiones que ese concepto ha provocado –y sigue provocando-, es el nombre que el peronismo daba a ese sector burgués que, en el enfrentamiento principal, era aliado de los trabajadores.


En este marco no debe extrañar el policlasismo del peronismo, que en su origen incluía, además de un aporte masivo de trabajadores, a sectores medios, empresarios, militares y parte de la Iglesia. Tampoco debe extrañar la alienación que generaba en sectores de izquierda dura cuyo único marco de análisis es la lucha de clases, como si los Imperios no existieran.


Esta perspectiva peronista también se alejaba de las distintas versiones de la democracia cristiana, que también ponía eje en estrategias de conciliación social, pero estas estrategias tenían por único fin evitar los conflictos, no estaban motivadas por poner énfasis en un conflicto mayor y más importante.


Las estrategias de conciliación del peronismo se aplican a la conformación de un bloque de poder interno –que no puede evitar conflictos con sectores como el de los grandes productores rurales- , pero no tienen nada de conciliadoras en el frente externo. La negativa del primer peronismo a aceptar la lógica de la guerra fría, y sus intentos de lograr una coordinación de los estados latinoamericanos, obedecen al énfasis que se pone en el conflicto principal, la búsqueda de lograr una auténtica independencia respecto a los poderes mundiales.


“Unidos somos inconquistables, divididos somos indefendibles”, diría el tres veces presidente.


Perón tomó en sus dos primeras presidencias múltiples decisiones que plasman su concepción acerca de las relaciones laborales y el trabajo, y reflejó dichas concepciones en la Constitución de 1949.


En un estudio introductorio a dicha constitución, nos dice Julio Alak, por entonces Ministro de Justicia:


“Baste señalar el dictado de leyes sociales de enorme trascendencia, como la del Estatuto del Peón de Campo, el Aguinaldo, el Estatuto del Periodista y, en el orden político, la relativa a los derechos electorales de la mujer.


En el orden regional, en marzo de 1948, en Bogotá, Colombia, se daba nacimiento a la Organización de Estados Americanos y se promulgaba la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Ese reconocimiento de principios fundamentales que venía haciendo la comunidad internacional se vería plasmado, con toda su fuerza, en el texto inspirado por el ilustre jurista Arturo Sampay. La consagración de los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad y de la educación y la cultura pusieron a la Constitución de 1949 a la cabeza de las cartas magnas que incorporaban en su múltiple dimensión a los derechos humanos.” (1)


El renombrado jurista y ex miembro de la Corte Suprema, Eugenio Raúl Zaffaroni, nos señala al respecto que el texto de la constitución peronista era acorde a las políticas de europeos y norteamericanos en la posguerra, y marca las influencias sobre el mismo de la Constitución Mexicana de 1917 y de la Constitución alemana de Weimar de 1919. Mientras Asia y África luchaban por su independencia, “América Latina se inquietaba, pero sus países extensos (México, Brasil y Argentina) defendían mediante gobiernos populares su independencia económica. Perón, junto con Lázaro Cárdenas y Getúlio Vargas, con diferencias propias de la idiosincrasia de sus pueblos, procuraban el desarrollo económico autónomo de la región” (2).


Zaffaroni ve a la constitución peronista como un documento claramente alineado con las tendencias socioeconómicas principales de los países de posguerra: 


“El mundo de la última posguerra confiaba en evitar el caos que podía llevar a las aberraciones políticas de entreguerras mediante el progreso social, la ampliación de la base ciudadana real, la incorporación de las masas a la producción y al consumo, la asistencia y la previsión social, el fomento de la educación y de la cultura. Esa era la tónica del constitucionalismo europeo continental de posguerra y del […] New Deal.


Lejos de la tesis del fundamentalismo de mercado, este mundo horrorizado por lo que acababa de vivenciar impulsaba la intervención económica del estado para incentivar y redistribuir sobre la base de la equidad y la justicia social” (3).


El jurista entrerriano Arturo Sampay fue el principal inspirador de la Constitución Peronista. Sampay, en un texto de la década del ’70 , explicaba los 8  principios en los que se basaba la carta magna de 1949:


1)hacer efectivo el predominio político de los sectores populares mediante la elección directa del Presidente de la República y mediante la posibilidad de reelegir como presidente al jefe de esos sectores populares victoriosos, general Perón; 


2) a estatizar los centros de acumulación y distribución del ahorro nacional, las fuentes de los materiales energéticos y los servicios públicos esenciales; 


3) a estatizar el comercio exterior; 


4) a asignar a todos los bienes de producción la función primordial de obtener el bienestar del pueblo; 


5) a generalizar la enseñanza, a cuyo efecto debía ser absolutamente gratuita, y a conferir becas a los alumnos y asignaciones a sus familias; 


6) a regionalizar la enseñanza de las universidades, a fin de vincular dicha enseñanza a la producción de las respectivas zonas geo-económicas del país; 


7) a estatizar las Academias, con el propósito de que ellas se ocupen de la alta investigación científica, necesaria para que el país posea una industria moderna independiente; 


8) a hacer que el Estado fiscalice la distribución y utilización del campo y a intervenir con el objeto de desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad, y procurar a cada labriego o familia labriega la posibilidad de convertirse en propietario de la tierra que cultiva.


Hay cuatro artículos clave que nos interesa analizar. Son el 37, 38, 39 y 40.


El Capítulo III, titulado “Derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, y de la educación y la cultura”, contiene una larga lista de derechos del trabajador. Y si bien es cierto, como señalan los críticos por izquierda, que no figura formalmente el derecho de huelga (el objetivo de las políticas peronistas eran evitarlas, que no fueran necesarias), la lista de derechos laborales es extensa,  y muchos de ellos siguen siendo hoy papel mojado: Derecho de trabajar, Derecho a una retribución justa, Derecho a la capacitación, Derecho a condiciones dignas de trabajo, Derecho a la preservación de la salud, Derecho al bienestar, Derecho a la seguridad social, Derecho a la protección de su familia, Derecho a la defensa de los intereses profesionales. Y luego continúa con derechos de la familia, de la ancianidad, de la educación y la cultura.


“Por lo que hace a la educación el artículo 37 contiene disposiciones sumamente interesantes. La autonomía universitaria, la regionalización universitaria y la necesidad de que las casas de estudios eduquen en valores, son tres objetivos que mantienen toda su vigencia. El sistema de becas para estudiantes pasaba a ser una norma imperativa constitucional.” (4)


El capítulo IV, que contiene los artículos 38, 39 y 40, ya es “revolucionario” desde el título, pues se titula “La función social de la propiedad, el capital y la actividad económica”. Muchos ven en estos tres artículos la clave que llevó a los golpistas de 1955 a eliminar esta carta magna de un plumazo, por decreto.


El artículo 38 fija con claridad la función social de la propiedad, deja clara constancia de la expropiación por causas de utilidad pública con indemnización, y establece que incumbe “al Estado fiscalizar la distribución y la utilización del campo o intervenir con el objeto de desarrollar e incrementar su rendimiento en interés de la comunidad”.  Pensemos como caería esto hoy a propietarios rurales que rechazan algo mucho más moderado como las retenciones…


El artículo 39 es tan corto como concluyente: “El capital debe estar al servicio de la economía nacional y tener como principal objeto el bienestar social. Sus diversas formas de explotación no pueden contrariar los fines de beneficio común del pueblo argentino”. Si bien de ninguna manera puede ser calificado como “Socialista”, evidentemente se opone a la visión del capitalismo que tienen…los capitalistas.


Por último, el 40, arranca con un concluyente: “"La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social".


Establece con rotundidad la capacidad del estado para intervenir en la economía, instaurar monopolios estatales, controlar comercio exterior y servicios públicos, y la propiedad  “imprescriptible e inalienable de la Nación” sobre el agua, los minerales y las fuentes de energía.


En un mundo en el que reinaba el keynesianismo, es decir un capitalismo con un Estado muy presente y atento a cuestiones sociales, el primer peronismo adopta una versión bastante radical del mismo. En la propia Argentina la reacción de los sectores sociales tradicionales fue bastante hostil a estos principios desde Perón asumió el poder. Luego de 1955, en una Argentina que se sumergía en el mundo de la guerra fría, que ingresaba a una lógica binaria e intolerante, toda visión heterodoxa era vista como una herejía peligrosa, y tratada en consecuencia.


Han pasado más de setenta años, mucha agua ha corrido bajo los puentes, pero parece imposible evitar pensar cuan claras tenían las cosas aquellos grandes hombres que forjaron el primer peronismo. 


Los problemas son los mismos, y aquellas soluciones siguen siendo válidas para resolverlos. (6)


Adrián Corbella, 


22 de enero de 2021


Notas:


(1) Esta cuestión está más desarrollada en : MARXISMO Y PERONISMO, por Raúl Isman y Adrián Corbella, Agencia Paco Urondo, 16-03-12


(2) http://www.jus.gob.ar/media/1306658/constitucion_1949.pdf, pag.10


(3) http://www.jus.gob.ar/media/1306658/constitucion_1949.pdf, pag.18


(4) http://www.jus.gob.ar/media/1306658/constitucion_1949.pdf, pag.18


(5) http://www.jus.gob.ar/media/1306658/constitucion_1949.pdf, pag.28


(6) VER CONSTITUCION DE 1949 COMPLETA AQUÍ http://www.jus.gob.ar/media/1306658/constitucion_1949.pdf


Publicado en MIRANDO HACIA ADENTRO y en ERASE UNA VEZ EN PERONIA

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