Primero la
Patria, después el movimiento, y por último los hombres. Por supuesto. Estamos
hablando de una fuerza política que se plantea objetivos colectivos, sociales,
antes que objetivos individuales de los hombres, o sectoriales del movimiento. El mensaje es claro, pero obviamente la
implementación no lo es tanto, ya que son los hombres los que integran el
movimiento, y los que deciden cuál es la mejor manera de servir a la Patria.
En el mundo
de las relaciones sociales, las contradicciones están a la orden del día. La fuerza política que
deja en tercer lugar la decisión de los hombres, ha tenido siempre liderazgos
fuertes, figuras que, en su momento, condujeron con decisión al movimiento:
desde Perón a Néstor, desde Eva a Cristina, y, con otra orientación dentro de
las diversidades de las tribus de la especie peronista, el propio Carlos Saúl
Menem.
¿Se sirve a
la Patria encuadrándose bajo la conducción del líder del movimiento, aunque
sufra metamorfosis tan profundas como las ocurridas en los ’90, o se debe
procurar tomar decisiones más personales? “Ningún peronista debe sentirse más
de lo que es, ni menos de lo que debe ser”, nos dice la séptima verdad del
Peronismo. A veces resulta difícil definir quien comete ese pecado: si el militante
que se verticaliza ante líderes que no parecen servir a la Patria, o el que se
rebela y patea el tablero.
El peronismo
es eso. Grandes verticalismos, y grandes rebeliones. Una especie con multitud
de tribus, semejantes pero diferentes, que a veces coinciden con vigor y logran
resultados electorales pasmosos, y otras se retuercen y se enfrentan, pues cada
uno entiende al peronismo a su manera
Quizás no
sea casualidad que la mayoría de los grandes intelectuales que aportaron al
peronismo hayan estado más en sus bordes que en el centro, hayan sido casi
outsiders pese a constituir el eje del pensamiento del movimiento.
Podríamos
empezar por el gran John William Cooke, el único quizás que se animaba a
debatirle a Perón mano a mano, cara a cara, y que terminó siendo un nexo entre
peronismo y socialismo.
Manuel
Ugarte, el gran pensador latinoamericano de origen socialista, tres veces
echado del P.S. por “nacionalismo burgués”, quien apoyó al peronismo pero
teniendo a veces posturas críticas.
Don Arturo
Jauretche, pensador de origen radical yrigoyenista transformado quizá en un
ícono del peronismo, y quien también se movió en los bordes y con algunas
diferencias de criterio.
Y ya en
nuestra época, el gran Norberto Galasso, quien sostiene que en un esquema
maniqueo de peronismo-antiperonismo él es obviamente peronista, pero que en
realidad su corazón está con la Izquierda Nacional, corriente ideológica que se
ha movido siempre junto al peronismo.
Estas
contradicciones han llevado al peronismo a enfrentamientos internos, a veces
violentos, y a grandes divisiones, muchas veces muy profundas.
Nicolás
Casullo escribía en 2002 en referencia a estos enfrentamientos y
contradicciones entre distintas interpretaciones del peronismo:
“De ahí que en las nuevas generaciones de
jóvenes de los últimos 20 años, las crecidas entre Luder y Menem, aquel
“peronismo de izquierda” no dejó datos ni rastros: las nuevas generaciones
medias no alcanzan a descifrar ese rótulo como algo digno de ser
pensado.”(1)
“Larga es la lista de enemigos internos y externos de esa izquierda
nacional en el movimiento desde 1953 hasta hoy: los ‘cobardes, entreguistas,
traidores, claudicantes, negociadores, burócratas, mariscales de la derrota,
antipueblo’ y finalmente esa extraña y exitosa ecuación de modernización y
renovación justicialista que desembocó en el menemismo-liberal que enamoró a
todos los poderes reales en la Argentina. Lista de defecciones tan eterna y
concreta que casi terminó siendo, desde 1955, la historia real del peronismo.
La de sus defecciones.”(1), para cerrar la nota, con una frase casi profética
referida a esa curiosa etapa de 2002-03 en que el peronismo buscaba su
identidad, y su candidato para reemplazar al Presidente Duhalde:
“En ese maltrecho peronismo que vendió todas
las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta
de que ésta no fue toda la historia. Que hay una última narración escondida en
los mares del sur.” (1)
Es que cada vez que el peronismo parece que
termina, parece que ha sido fagocitado por sus contradicciones, se retuerce y
renace. Saca de la galera un perfil renovado, un liderazgo impensado, y amanece una vez más.
Otro intelectual vinculado al peronismo,
Héctor Valle, comentando la misma etapa de que hablaba Casullo, señaló:
“¿Alguien, en 2002, esperaba que nos
salváramos del descenso y que, a poco de andar recuperáramos la ilusión del
campeonato?” (2)
La ilusión del campeonato, la última
narración escondida en los mares del Sur, la reconstrucción de la Patria. Con
sus más y sus menos, el peronismo siempre procura transitar esos caminos,
generalmente pedregosos. Esto tiene su lógica porque, como escribió hace varios
años Carlos Barragán, el peronismo surgió cuando el proyecto liberal
neocolonial del siglo XIX se había ido a la banquina.
“En este punto me gusta pensar que el
peronismo no es la causa del país que somos, es el efecto del país que somos.
No es un mal paso que nos hizo caer a la banquina, es el resultado de estar en
la banquina. Y cada vez más, me parece que para haber surgido de la banquina de
nuestra historia, el peronismo es un milagro, este peronismo que al llegar el
tercer milenio es lo único que puede ponernos sobre la ruta." (3)
Son esas
contradicciones, ese moverse entre verticalismo y rebeldía, entre estabilidad y
transformaciones revolucionarias, esa capacidad para siempre sacar un último
haz de la manga que permita ganar la partida, lo que transforma a un peronismo
muchas veces turbulento, incompresible, desdoblado, inabordable, con profundos
claroscuros, con algunas figuras grandiosas, y con otras patéticas, en el
Océano tumultuso en el que navega la Patria, en la gran masa de agua que le
impide encallar en los bajos fondos de un liberalismo que no tiene proyecto de
país, sino un plan de negocios. Es lo que nos permite gambetear a ese conjunto
de talibanes del Dios Mercado que vuelcan permanentemente la calesita.
“Tenemos
Patria”, dijo el único prócer que camina entre nosotros. Por supuesto. Como
dijo el General: “Primero la Patria”.
Por Adrián
Corbella
24 de
febrero de 2021
NOTAS:
(1):
https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-156842-2010-11-14.html
(2):
https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-156896-2010-11-15.html
(3): CARLOS
BARRAGAN: “Soy la mierda oficialista”, ed. Norma, Bs. As., 2011
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